Cordillera en La Extra

Fotografía: Galería EXTRA

Texto: Cristian Toj, Ciudad de Guatemala 2024


La piel de la Tierra

En términos geológicos, la vida se desarrolla en la capa sólida más externa de la Tierra, conocida como corteza. Esta delgada capa, que envuelve al planeta como una piel, está compuesta por diferentes placas tectónicas. La corteza se divide en dos tipos: la corteza continental, que forma las elevaciones visibles, y la corteza oceánica, que se encuentra bajo el mar. Aunque tienen composiciones químicas y propiedades físicas distintas, ambas comparten características comunes: están marcadas por los procesos de erosión, vulcanismo y sedimentación, que dejan huellas visibles en su superficie.

La corteza terrestre, al igual que la piel de un organismo vivo, está en constante interacción con su entorno. Las placas tectónicas que la componen se mueven continuamente, generando terremotos y erupciones volcánicas que alteran y remodelan la superficie terrestre. La erosión, causada por el viento, el agua y el hielo, también actúa sobre la corteza, desgastándola lentamente y creando nuevos relieves y formas en el paisaje.

Estos movimientos de la piel reflejan la naturaleza activa de la Tierra. A través de la sedimentación, las partículas erosionadas se acumulan y forman nuevas capas, mientras que el vulcanismo introduce material nuevo desde el interior del planeta. Esta superposición de capas de memoria se revela ante nuestros ojos por medio del movimiento natural de la Tierra. La Tierra guarda en su interior fragmentos de su historia, y podemos acceder a ellos en esta exposición, mediante el trabajo de Gabriel Rodríguez Pellecer, quien nos invita a extraer esa memoria del suelo para comprender sus ciclos.

Cicatrices Geológicas

Las cordilleras, montañas y volcanes son las protuberancias de la Tierra, estas actúan como cicatrices geológicas que narran la historia de su formación. Estas estructuras emergen como resultado del movimiento de la corteza, reflejando el impacto de las fuerzas internas que moldean la superficie terrestre. Cada elevación y formación geológica es un registro del encuentro entre capas tectónicas y de los procesos dinámicos que han afectado a la corteza a lo largo del tiempo. En palabras del Colectivo Rojonegro: “Este movimiento habla también del encuentro de nuestros cuerpos en una asamblea que une nuestra voz con la de nuestros ancestros."

Además de ser el registro visible de la historia geológica, estas protuberancias son cruciales para la formación de minerales y recursos naturales. El movimiento tectónico y el vulcanismo no solo crean relieves, sino que también movilizan y concentran minerales en la corteza. Así, las cicatrices geológicas contribuyen a la creación de yacimientos minerales, recursos energéticos y suelos fértiles, todos esenciales para la vida y las actividades humanas.

Las obras de Adán Vallecillo y Elyla nos invitan a reflexionar sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza. Vallecillo recupera materiales de cada uno de los sitios donde trabaja, permitiendo una interpretación más amplia de los límites del paisaje. Por su parte, Elyla aborda esta relación desde un enfoque performático, conectando el cuerpo humano con el territorio y utilizando la tierra misma como medio para explorar las interacciones entre identidad, naturaleza y los efectos del colonialismo. Ambos artistas, desde distintas perspectivas, revelan las tensiones entre el consumo desmedido de la naturaleza y la posibilidad de establecer una relación más armónica y espiritual con el planeta.

Fotografía: Galería EXTRA

El Encuentro de la Piel

América está atravesada por la Cordillera Americana, una larga cicatriz resultante del continuo encuentro y choque de las placas tectónicas. En el centro de este encuentro, México y Centroamérica emergen como resultado de la colisión de tres placas tectónicas: la Placa Norteamericana, la Placa de Cocos y la Placa del Caribe. En este proceso, la Placa Norteamericana y la Placa de Cocos se deslizan por debajo de la Placa del Caribe, como si el Caribe estuviera devorando el continente mientras lo moldea. Esta dinámica de subducción transforma la superficie, dejando huellas de su intenso intercambio a nivel migratorio. Donna Conlón explora en su obra los efectos de esta migración, evidenciando los impactos ecológicos del desplazamiento humano y las ausencias que deja tras de sí.

Al sur, la convergencia entre la Placa de Nazca y la Placa Sudamericana actúa de manera similar, formando el Pacífico Sudamericano y dando lugar a una variedad de paisajes. La interacción entre estas placas genera terrenos diversos, como glaciares, desiertos y costas, culminando en la formación de la Cordillera de los Andes. Este sistema montañoso es un testimonio del choque y la fusión de placas tectónicas, modelando la región tanto en el plano de los paisajes comunes, como las elevaciones y los valles, como en los paisajes íntimos de espera y tránsito que Francisca Aninat explora a través de sus piezas.

Los movimientos tectónicos del continente americano funcionan como mecanismos a través de los cuales la Tierra se conoce a sí misma. El desplazamiento de las placas no solo da forma a montañas y valles, sino que también facilitan un intercambio continuo entre el océano y la tierra. El agua de los ríos, que ha recorrido las elevaciones montañosas, encuentra su destino en el océano. A su vez, el mar contribuye a la transformación del paisaje al evaporarse y condensarse en forma de lluvia, que finalmente reposará en la cima de las montañas en forma de glaciares.

Jamie Denburg Habie y Beatriz Cortez nos guían en este recorrido geográfico y temporal. Jamie explora el tiempo como un elemento dentro del cuerpo y desarrolla una política del tiempo que permite la liberación del movimiento. Por su parte, Beatriz examina las arquitecturas de los glaciares, cuyos cuerpos conservan minerales y atmósferas de otros tiempos. Estos glaciares nos permiten acceder a recuerdos del pasado cuando se revelan. Estos procesos cíclicos, mediante los cuales la Tierra puede tocar cada parte de su rostro, son un elemento transversal en la exposición. Con cada interacción entre montaña y mar, la Tierra logra una comprensión más profunda de sí misma.

Habitar una Cicatriz

La geografía de Latinoamérica, marcada por su accidentada topografía, refleja las complejas y tumultuosas narrativas de su historia. Las formaciones geológicas de la región, como montañas, cordilleras y valles, son el resultado de intensos procesos tectónicos y han sido determinantes en el desarrollo de políticas geoestratégicas que han dejado profundas huellas en el tejido social. Las obras de Manuel Chavajay nos enfrentan a estas cicatrices geológicas, que se corresponden con las cicatrices sociales, revelando cómo los conflictos y transformaciones políticas han sido tan profundos como los cambios en el paisaje.

Desde una perspectiva epistemológica, la exploración de estas cicatrices geológicas se convierte en un acto de descolonización del conocimiento y del territorio. La exposición Cordillera en Galería Extra busca desnudar las capas de la tierra al mismo tiempo que desnudamos nuestras propias identidades y experiencias. Las montañas, como cicatrices visibles de la Tierra, se corresponden con las cicatrices de nuestra piel colectiva. En esta perspectiva, el estudio de la geografía y la historia no solo revela la configuración del territorio, sino también las dinámicas de poder y resistencia que han moldeado las sociedades latinoamericanas.

La participación de estos diez artistas en la exposición ‘Cordillera’ representa un diálogo profundo entre la historia, la epistemología y la naturaleza. Cada obra, desde diversas perspectivas y enfoques, invita a una revisión crítica de nuestra relación con el entorno natural y social. A través de la exploración de materiales, memorias y prácticas performáticas, estos artistas no solo exploran las cicatrices de la Tierra y de la historia, sino que también proponen nuevas formas de comprensión y conexión con el planeta. Su trabajo desafía las narrativas tradicionales y nos invita a reconsiderar nuestra existencia dentro de un sistema que nos une al paisaje.

La exposición

Cordillera es una muestra colectiva que reúne las obras de Colectivo RojoNegro (México), Jamie Denburg Habie (Guatemala), Manuel Chavajay (Guatemala), Gabriel Rodriguez Pellecer (Guatemala), Adán Vallecillo (Honduras), Beatriz Cortez (El Salvador), Elyla (Nicaragua), Donna Conlon (Panamá) y Francisca Aninat (Chile).

Con informaciónde Galería EXTRA.

Fotografía: Galería EXTRA

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